Los líderes de la mentira: El G20 y Río+20


Por Carmen Carrera

Junio de 2012. Los Cabos, México y Río de Janeiro, Brasil. Son escenarios para la reunión de los que se proclaman líderes del mundo. 
FECAL en el G20
El llamado G20 reunido en México (que aglutina a Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, República de Corea, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, México, Reino Unido, Rusia, Japón, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea) representa cerca del 90% del PIB mundial, el 80% del comercio, 64% de la población  así como el 84% de las emisiones por quema de combustibles fósiles.  Entre los objetivos de la reunión se encuentran: 1. La coordinación de políticas entre sus miembros para lograr la estabilidad económica mundial y el crecimiento sostenible; 2. La promoción de regulaciones financieras que permitan disminuir el riesgo y prevenir nuevas crisis; y 3. La reingeniería de la arquitectura financiera internacional.  (Datos de http://www.g20.org/) 
Por su parte, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible Río+20, que congrega a representantes de los países miembros de la ONU, del sector privado y de ONG’s  se reúnen en Brasil, 20 años después de la Cumbre de la Tierra de 1992 tras la cual se asumió la Agenda 21 pensada para “construir un futuro más seguro, sustentable e igualitario para todos”. Con el lema “El futuro que queremos”, en Río + 20 se reconsiderará el crecimiento económico, desarrollo social igualitario, creación de empleos, reducción de la pobreza y el empleo de energías limpias así como promover un uso sustentable de recursos naturales.
En 2008  tras la crisis económica más fuerte después de la de 1929, los líderes se comprometieron a “restaurar el crecimiento global, fortalecer el sistema financiero internacional y reformar las instituciones financieras internacionales”, por lo que cambios en cuanto a política fiscal y reformas estructurales están en primera fila.
Mientras estas reuniones se realizan a costa de millonarios gastos de recursos federales, lo único que se concluye es una sola cosa: LOS PUEBLOS DEL MUNDO NO CREEMOS EN ESOS LÍDERES.
Ellos son los representantes de la farsa, de la hipocresía y la mentira. Todos y cada uno de los compromisos firmados, son irrealizables dentro del marco depredador no sustentable del capitalismo. Estos señores pretenden hacer creer a la humanidad que trabajan por un mejor futuro, cuando está claro que de ellos no emanará una solución a estos problemas. Sus soluciones son meros paliativos y engaños, y dentro de sus preocupaciones se encuentran en primer lugar los rescates financieros de países clave y después la cooperación para el desarrollo de los países pobres. En pocas palabras sólo les importa salvar los traseros de las economías más decisivas como la “Zona Euro” y EUA.
Sus promesas de erradicar la pobreza, lograr progreso económico y crear empleos, están condicionadas a que los países lleven a cabo reformas estructurales que en otras palabras implican recortes a gastos sociales y privatización de servicios públicos lo que se traduce en diversos golpes a los contratos laborales y conquistas históricas como jornadas laborales, jubilaciones, pensiones, seguros médicos y educación pública. 
Esta serie de cambios va acompañada de una mayor presencia de capitales privados que consumen fuerza de trabajo y recursos al por mayor; modificando el tipo y la intensidad de las actividades productivas y desempeñan un papel decisivo en la política interna de los pobres países en donde se encuentran para seguir generando sus jugosos negocios. Estas prácticas están generando (además de grandes ganancias para los empresarios y pérdidas para los trabajadores del campo y la ciudad) catástrofes ambientales y de salud como los que ocasionan las corporaciones multinacionales como Monsanto y Cargill, ambas estadounidenses.  Por ello los “acuerdos y acciones” por el desarrollo equitativo y sustentable se mantienen como discursos vacíos sin ninguna viabilidad de cumplimiento en la triste realidad mundial.
“Estamos comprometidos firmemente con el libre comercio y la inversión, la expansión de los mercados y la oposición al proteccionismo en todas sus formas, condiciones necesarias para la recuperación económica global sostenida, el empleo y el desarrollo… Reconocemos la importancia de encontrar vías que permitan que el crecimiento económico, la protección del ambiente y la inclusión social puedan complementarse y reforzarse mutuamente. El crecimiento verde incluyente en el contexto del desarrollo sustentable y la erradicación de la pobreza puede ayudarnos a alcanzar nuestras metas de desarrollo y crecimiento económico, y, al mismo tiempo, proteger nuestro entorno y mejorar el bienestar social del que depende nuestro futuro” (Declaración de líderes del G20, Los Cabos, 2012) 

Sus objetivos no cambiarán, y todo para seguir sosteniendo a los de arriba, desde abajo. 
De igual manera, podemos echar un ojo a los compromisos que se vienen firmando desde la Cumbre de la Tierra en Estocolmo en 1972, la posterior de Río de Janeiro en 1992, Johannesburgo en 2002, y la reciente Río +20 donde 20 años después, y al igual que en 1992, diversos Pueblos Indígenas de la Madre Tierra se congregaron en cumbres alternas para protestar y mostrar el rechazo de las élites de poder, demostrando la falsedad de las soluciones que declaran el fin de los males mundiales cuando lo único que hacen es intentar postergar la explotación de recursos por más tiempo a través de la llamada “Economía verde”, pero  no para beneficio de las generaciones futuras, sino para el beneficio de unos cuantos que pretenden seguir manipulando y exprimiendo al mundo.
De estas cumbres alternas han surgido otros compromisos como la CARTA DE LA TIERRA firmada en Johannesburgo o la Declaración de los Pueblos Cariocas (indígenas brasileños), que en conjunto con diversos pueblos indígenas del mundo asumen la necesidad de trabajar por mantener el balance natural de la Tierra, respetando sus ritmos de recuperación y retomando incluso visiones ancestrales de convivencia con la naturaleza tomando de ella lo necesario sin causar los daños irreparables que actualmente nos aquejan.
Bebé indígena Carioca durante manifestación en Río de Janeiro

Existe un claro rechazo a prácticas como REDD (Programa de Reducción de Emisiones de Carbono causadas por la Deforestación y la Degradación de los Bosques que ha dañado vastas zonas de importancia biológica y de asentamientos indígenas) y la Economía Verde que “promete erradicar la pobreza, pero en realidad sólo favorecen y responden a las empresas multinacionales y el capitalismo. Se trata de una continuación de una economía global basada en los combustibles fósiles, la destrucción del medio ambiente mediante la explotación de la naturaleza a través de las industrias extractivas, tales como la exploración de petróleo y la minería, la agricultura intensiva de mono-cultivos, y otras inversiones capitalistas”. (Segunda Declaración Carioca. http://www.ienearth.org/docs/DECLARATION-of-KARI-OCA-2-Eng.pdf)
Efectivamente la realidad es cruel, pueblos indígenas, campesinos y trabajadores en todo el mundo estamos padeciendo de la manera más atroz los resultados de desequilibrios naturales, los daños causados por la ya conocida voracidad capitalista siempre son más catastróficos para los que menos tienen, y lo único que es una certeza es que las próximas generaciones no perciben un mejor futuro si se reducen las oportunidades de la población para obtener empleo, el rechazo a las formas de vida y convivencia de las comunidades indígenas, el incumplimiento de sus derechos.
Hoy en día sabemos que los representantes en estas opulentas reuniones sólo pueden ser los líderes de la mentira, de la corrupción y del engaño. Sus discursos y acciones intentan hacer creer a la humanidad que el problema está en la naturaleza y no en la forma en que se le ha sobrexplotado. Las soluciones que proponen únicamente favorecen a sus bolsillos. 
Pero diversas formas de organización han existido a lo largo de la historia, y aquellas que han logrado sustentar un balance entre producción y explotación de la naturaleza han demostrado no estar basadas en el completo egoísmo, ambición y superioridad que caracteriza a los “líderes del mundo”. La construcción de soluciones reales para la superación de la crisis económica y ambiental no emanará de ellos sino de la organización desde abajo, de los pueblos de la Madre Tierra y sus compañeros de clase.
Desde estas líneas pretendemos retomar el papel decisivo que tiene la organización popular. Las declaraciones y protestas en contra de estas reuniones son un paso en la defensa de la autodeterminación de los pueblos y reafirman la necesidad de llevar a cabo formas combativas de lucha y construcción de sociedades verdaderamente sustentables. Las naciones del mundo no dejarán de sufrir dichas catástrofes si antes no emprenden una larga y decidida lucha contra las transnacionales, los monopolios, los megaproyectos, las agroindustrias, las corporaciones y diversos cuerpos extractivos, explotadores y opresores.